lunes, 15 de agosto de 2011

Ella.





Ella se pinta los labios siempre de color rojo para que nunca se borren sus besos de la piel de su Don Juan. El resto de carmín que deja en otras pieles es un tatuaje de henna que sólo dura un par de lavados, ella es dueña de muchas pieles, pero realmente solo quiere una, con la que sueña todas las noches. Te besa y comienza a andar. Pies pequeños pero firmes, de los que siempre dejan huella aunque no haya barro. Y sus uñas, bañadas en color, decoran el final de sus pequeños dedos, enfundados en unas sandalias de cuero, ya desgastadas de tantas pisadas por las aceras del mundo, que a veces éste se le queda pequeño. También recuerdo su flequillo recortado a su manera, y aquellos vaqueros desgastados pero muy suyos, y esas manos de las que nunca se caen las miles de pulseras que suele llevar, conocedoras de otras manos que no pierden ocasión de agarrar y de tantas otras manos que hoy le son indiferentes. Y una risa contagiosa que es incapaz de contener, ni si quiera en los momentos serios. Y así, con sus labios rojos, sus pequeños pies, su pelo que decora esa cabeza que esta echa un puto laberinto, porque no podía ser de otra manera. Sus descosidos pantalones, sus manos suaves que todo lo tocan, que son bastante indomables.. sigue su camino, sonriente, del que sólo se detiene para observar y poco mas.

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